| Varias consultas | |||||||||||||||||||||||||||
| Necesito saber como abonar mis plantas pues tengo miedo de quemarlas. |
Empiezas excelentemente bien. A partir del momento en que tienes conciencia de que hay amores que matan vas a empezar a aprender (no en un instante) y cada día lo harás mejor. Supongo que ya sabes que lo más importante para tus plantas es el riego correcto. Simplemente era para no pasar por alto este punto. En segundo lugar tampoco está mal recordar que el principal alimento de una planta es el anhídrido carbónico del aire, no el fertilizante (aunque éste también es necesario). No hay que obsesionarse en aplicar fertilizante. Si te olvidas, lo máximo que puede pasar es que la planta luzca un poco menos pero si te excedes se presentarán graves problemas. La acumulación de un exceso de fertilizante, efectivamente, "quema" las raíces de las plantas. El motivo es que el suelo o substrato alcanzan una concentración excesiva de sales solubles (fertilizante) que impide la entrada de agua en las raíces. Más información sobre concentración. Una planta en contenedor tiene siempre unas condiciones más críticas que una planta en el suelo. Cualquier fertilizante deberás emplearlo con moderación. Si se trata de estiércol, usa siempre cantidades inferiores a las que pensarías que le van a ir bien. Si se trata de fertilizante químico, lee las instrucciones del envase y aplica la mitad de la dosis recomendada. Siempre menos, nunca más. Piensa que si quieres añadir siempre estás a tiempo pero difícilmente podrás quitarlo. Tacañería. Cada planta soporta unas dosis diferentes de fertilizante. Estos tampoco son todos iguales. La misma planta en contenedor o en el suelo, en interior o exterior soporta dosis diferentes. Finalmente mencionar que todos nos equivocamos. Pero con un criterio claro nos damos cuenta enseguida en dónde hemos actuado mal y la próxima vez quizás ya no repetiremos el error.
Muy bien pero ¿QUÉ? Te interesa leer el otro artículo en esta misma página titulado Abono orgánico contra abono inorgánico. Vamos ahora a extendernos sobre el abono químico o inorgánico. En otra página de esta web se habla de los fertilizantes. Allí se discute la conveniencia, en jardinería, de dar prioridad al uso de los abonos compuestos en detrimento de los simples y de que aquellos estén razonablemente equilibrados. Un abono 15:15:15 ó 20:20:20 suele dar unos resultados altamente satisfactorios y muchas veces no es necesario complicarse utilizando otros abonos especializados.
Una vez se ha cogido práctica con los anteriores quizás uno quiera investigar el efecto de la predominancia de algún elemento y ver de obtener resultados espectaculares. Así, al principio de la Primavera puede pensarse en una predominancia del nitrógeno, para obtener un desarrollo foliar más vigoroso. Luego, inmediatamente antes de la floración y para mejorarla puede pensarse en dar prioridad al potasio. Y finalmente, antes del Invierno, puede pensarse en una aportación extra de fósforo ya que este elemento está menos disponible con los fríos. Mi consejo, no obstante, es abstenerse de esta complejidad hasta que no se haya dominado el uso de un solo abono equilibrado.
¿EN QUÉ FORMA? Lo más ventajoso es utilizar un abono soluble si se trata de contenedores y un abono granulado o soluble si se trata de plantas en el suelo. En el caso de plantas en contenedores, un abono soluble disuelto en el agua de riego nos permite repartir homogéneamente el abono de una forma tan precisa como queramos. Las plantas en el suelo pueden ser objeto de diferentes técnicas de abonado. Si se va a cavar ligeramente a su alrededor al final del invierno (aconsejable) pueden recibir un puñado de abono granulado de liberación controlada, que se irá disolviendo lentamente con cada riego en el lapso de unos tres-cuatro meses aproximadamente. También se puede echar un puñado de abono soluble en la superficie del suelo, regando acto seguido. En este caso, el abono tiene una acción inmediata.
LA DOSIS Siempre que abonamos tenemos el riesgo de pecar por exceso. Muchos fabricantes, no todos, aconsejan dosis demasiado grandes que, aplicadas exactamente como dicen las instrucciones, causan daños a las plantas. Por ello aconsejo ser muy prudente al principio de usar un fertilizante nuevo y probar con unas pocas plantas. En vista del desconcierto en las dosis recomendadas en los envases, cuando me enfrento a un nuevo y desconocido fertilizante soluble actúo de la siguiente forma:
De hecho no actúo exactamente de esta forma. Puesto que también me interesa neutralizar la cal del agua y obtener un pH de 6,5 para la mayor parte de plantas, lo que hago es lo siguiente:
¿QUÉ FRECUENCIA? Si una planta determinada soporta una concentración de sales en el substrato de 2,5 mS/cm, hay que procurar que en ningún momento dicha concentración sea mayor. Hay que recordar que si el substrato húmedo se encuentra en el límite de dicha concentración, si el substrato se seca la concentración sube, rebasando el límite y poniendo a la planta en peligro. Por ello es siempre preferible abonar con la menor cantidad posible pero frecuentemente. Por ejemplo, si estamos regando con un agua más fertilizante que tenga una conductividad de 1,8 mS/cm podremos usar fertilizante cada semana y todavía nos queda un margen por si el substrato se seca. Pero si regamos con un agua cargada de fertilizante, con una conductividad cercana a 2,5 mS/cm, lo prudente sería hacerlo cada dos o tres semanas, regando con agua clara en los momentos intermedios y todavía nos quedaría poco margen por si el substrato se seca. En resumen, es preferible abonar poco y con más frecuencia que mucho y espaciado en el tiempo. Claro que el trabajo se hace mayor.
¿CUÁNDO? Cuando la planta lo vaya a necesitar y aprovechar. Por ejemplo, es absurdo abonar en pleno invierno cuando la planta no crece. También lo es en pleno verano para las plantas que detengan su crecimiento. En las operaciones de abonado nos tenemos que anticipar un poquitín a las necesidades de la planta, para que cuando lo necesite lo encuentre. - - - No olvidar lo dicho al principio de este artículo. Las plantas no se mueren de hambre si nos olvidamos de abonar pero se pueden morir de sed (raíces quemadas) si abonamos en exceso. |
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Los fertilizantes y el tiempo de liberación |
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| En ocasiones he detectado
alguna confusión en el empleo de la terminología al clasificar los
fertilizantes:
- de liberación lenta Se definen ambas expresiones tal como el autor cree que deberían utilizarse y al final se plantea otra posible denominación. |
LA NECESIDAD DE
CONTROLAR EL FACTOR TIEMPO AL FERTILIZAR
Las plantas consumen los elementos del suelo continuamente aunque en cuantías no iguales a lo largo del tiempo. En épocas de desarrollo hay unos mayores consumos de nitrógeno en comparación a los otros elementos. En épocas de floración y fructificación toman el relevo el potasio y el fósforo. Estos tres elementos son los que reciben mayor atención porque son los consumidos en mayores cantidades y los que suelen faltar en muchas ocasiones, motivo por el cual efectuamos las operaciones de fertilización (sinónimo: abonado). A pesar del citado consumo continuado, nosotros no abonamos continuadamente sino que lo hacemos en una, dos o quizás tres ocasiones en la temporada. Una excepción sería la fertirrigación. Tampoco se puede poner una cantidad importante de fertilizante de una sola vez por el riesgo de quemaduras de las raíces. Desgraciadamente, la permanencia en el suelo de los elementos citados deja mucho que desear. El nitrógeno, tanto en sus formas nítrica como amoniacal, se lixivia rápidamente. El fósforo se transforma hacia compuestos no inmediatamente utilizables y se lixivia. El potasio puede quedar adsorbido en CIC (Capacidad de Intercambio Catiónico) de la materia orgánica o de la arcilla pero es fácilmente desplazado por el calcio o el magnesio si uno de estos dos últimos se encuentra en exceso y posteriormente es potencialmente lixiviado. Hace falta, pues, que los fertilizantes que aportamos irregularmente queden "resguardados" de alguna manera a salvo de los factores adversos citados y que vayan haciéndose disponibles para la planta lentamente de una forma controlada, de modo que la planta los vaya encontrando paralelamente a sus necesidades que hemos dicho que no son constantes. Los objetivos a conseguir son pues:
ESTRATEGIAS DE CONTROL A lo largo de los años se han ido viendo y perfeccionando las siguientes estrategias: - Abonos solubles (instantáneos) Incluyen tanto los abonos líquidos como los sólidos en diferentes presentaciones para facilitar su manejo (básicamente cristalizados -apariencia como azúcar- y gránulos no recubiertos). Aquí se incluyen nitratos, sulfatos, abonos amoniacales y urea, entre otros. (No confundir urea con urea-forma).
- Abonos de liberación lenta Incluyen los: - Orgánicos naturales
Abonos de liber. lenta - Orgánicos naturales Como sabemos, la materia orgánica se va descomponiendo lentamente por la acción de los microorganismos del suelo. Esta descomposición se acelera con el aumento de la temperatura. De esta manera se van haciendo disponibles para la planta diferentes elementos, especialmente nitrógeno, que de otra manera no podían ser absorbidos por ella. Abonos de liber. lenta - Orgánicos sintéticos En la mitad de la década de los 50 del siglo pasado se comenzó a utilizar la urea formaldehido que es un compuesto nitrogenado de escasa solubilidad por lo que no puede ser inmediatamente utilizado por las plantas. Posteriormente salieron la metilen-diurea, la dimetilen-triurea y la isobutiliden-diurea (IBDU), entre otros. Todos estos compuestos tienen una solubilidad reducida y precisan de alguna ayuda externa para transformarse y poder ser absorbidos. Los principales agentes externos que pueden intervenir son: la acción microbiana, el agua, la temperatura y el pH. Influye también en la temporalidad de su liberación el tamaño de las partículas: cuanto menor tamaño más rápida es la liberación. Si el tamaño de los gránulos se hace desigual la liberación se extiende más en el tiempo.
- Abonos de liberación controlada Incluyen los: - Abonos encapsulados. Se trata de gránulos de fertilizante soluble encerrados dentro de un recubrimiento que retarda la salida del fertilizante hacia el exterior. Estos abonos encapsulados pueden retardar la salida del fertilizante entre 2 y 12 meses, según el diseño. Ello significa que durante todo este tiempo va a estar produciéndose la salida de pequeñas cantidades de fertilizante que se da por prácticamente agotado una vez finalizado el plazo. Puesto que la temperatura es el factor que mayor influencia tiene en la salida de fertilizante, dicha salida resulta aproximadamente paralela a las necesidades de la planta.
Principio de funcionamiento de los gránulos recubiertos En algunas ocasiones, las menos, el funcionamiento se basa en una membrana externa que simplemente se degrada y desaparece cuando está en el suelo, por medio de la oxidación y la acción microbiana. Los diferentes espesores de las membranas así como los diferentes tamaños de los gránulos producen una liberación más o menos extendida en el tiempo. Pero, a menudo, el funcionamiento se basa en la ósmosis que permite la entrada de agua en la cápsula, aumentando su presión interna total. Cuando las presiones interna y externa de la cápsula se igualan cesa la entrada de agua y el proceso se detiene. Cuando hay un aumento de temperatura del suelo, la dilatación dentro del gránulo aumenta su presión interna expulsando el fertilizante a través de un poro o una fisura. Cuando se han "aliviado" la presión interior vuelve a entrar más agua por ósmosis y el proceso se repite. Puede haber varios sistemas constructivos de las membranas, siguen algunos de ellos: - Membranas semipermeables que permiten la entrada del agua por ósmosis incrementando la presión interna del gránulo que finalmente rompe la membrana dando salida al fertilizante - Membranas impermeables con pequeños poros que aumentan de tamaño después de entrar agua con lo que ya permiten la salida del fertilizante. - Membranas impermeables que se degradan por acción química, física o microbiana.
RECUBRIMIENTO DE AZUFRE Capa de azufre con imperfecciones consistentes en poros y grietas. El agua penetra a través de las imperfecciones disolviendo el fertilizante que va saliendo lentamente al exterior a través de las mismas. También pueden reventarse por su punto más débil, liberando el fertillizante de golpe. Algunos tipos de estos abonos tienen una capa adicional de cera que sella temporalmente las imperfecciones. La cera es degradada lentamente por acción bacteriana antes de que el gránulo comience a liberar su contenido. RECUBRIMIENTOS CON POLÍMEROS Básicamente hay dos tipos: con una capa de polímero y con una capa de azufre más una capa de polímero. En ambos casos la temperatura y el espesor de las capas determinan la velocidad con que se liberará el fertilizante a través de poros y fisuras.
Para completar la clasificación faltarían los : - Abonos solubles de liberación lenta Algunos compuestos solubles liberan el elemento fertilizante (principalmente nitrógeno) a una velocidad más reducida que los clásicos solubles y se pueden clasificar como de liberación lenta aunque también contienen una fracción de fertilizante disponible inmediatamente.
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Abono orgánico contra |
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| Varias consultas | |||
| Antiguamente solamente se usaba mantillo como abono aplicado una vez al año. Ahora existe un sin fin de abonos químicos o inorgánicos, de marcas y composiciones diferentes, de los que se dice que son mejores que
el abono orgánico porque este último no tiene muy buena prensa por llevar semillas de hierbas, esporas de hongos dañinos, larvas o huevos de insectos y otros productos perjudiciales. También he oído que los "productos modernos" funcionan mejor que el antiguo estiércol.
Tengo una enorme confusión y ya no sé qué hacer.
Hasta ahora tenía entendido que lo correcto era hacer un aporte de abono orgánico a comienzos de la primavera y otro a finales de otoño y que entre ese período de tiempo se podía ir complementando con abono inorgánico aportando el más adecuado para cada planta. ¿Es así o no?
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Estas consultas están planteadas, según entiendo, como "abonos orgánicos contra abonos inorgánicos". También se requiere un comentario sobre la aplicación de cada uno.
Abonos orgánicos
Decir que pueden no quiere decir que forzosamente lo hagan. Cuestión de calidad que no siempre estamos en disposición de saber controlar cuando vamos a comprar y, a menudo, tampoco estamos dispuestos a pagarla. O nos engañan, que de todo hay. Hay una infinidad de abonos orgánicos, unos de calidad mejor y más uniforme y otros que pueden representar un pequeño desastre en el jardín, pasando por todos los intermedios. Lo que denominas "mantillo" es probablemente estiércol de establos de vacas, de cerdos o de ovejas. El de ovejas suele tener más semillas. La palabra "mantillo" se comenzó a utilizar para referirse al manto vegetal que cubre el suelo de muchos bosques y la expresión correcta era "mantillo vegetal". Luego, quizás debido a un posicionamiento snob intentando evitar utilizar la palabra "estiércol", se ha comenzado a aplicar a los excrementos descompuestos de los animales. El estiércol debe estar bien compostado o fermentado. El estiércol "bueno" no huele mal, su olor característico es a tierra de bosque mojada y tiene una textura suelta y esponjosa (no apelmazado). Si ha sufrido una compostación adecuada estará libre de semillas, esporas o huevos de insectos, aunque no de metales pesados si antes de la compostación los tenía. También hay toda una gama de "composts" que, según su origen y tratamiento tienen unas propiedades diferentes. Entre éstos se encuentra el "mantillo de bosque" también llamado "mantillo de hojas" y "tierra vegetal". También otros desechos, convenientemente procesados y sabiamente utilizados son beneficiosos. Sangre seca, pezuñas y cuernos, etc. etc. (todos en polvo).
Abonos inorgánicos Son los denominados abonos químicos o fertilizantes químicos. Tienen la enorme ventaja de permitir aportar el o los elementos necesarios en las cantidades justas y momentos precisos. Y obviamente no llevan patógenos ni otros productos indeseados. Pero carecen del resto de propiedades de los orgánicos. Dada su variedad, llegan a donde no llegan los orgánicos. Porque, por ejemplo, ¿qué orgánico aportarás si falta boro o hierro? En cambio puedes ir a comprar un fertilizante químico que contenga boro o hierro sin demasiados problemas (otra cosa es que el comercio a donde vas lo tengan). Su aplicación puede hacerse con mayor facilidad que los orgánicos La respuesta es que no hay ganador. Tanto el abono orgánico como el inorgánico son necesarios y se complementan.
APLICACION La respuesta es que unas buenas prácticas pueden consistir en lo siguiente: Al final del invierno esparcir una capa de estiércol de calidad sobre el suelo, especialmente en los pies de las plantas. Preferiblemente cavar acto seguido a poca profundidad para conseguir dos objetivos:
Si se trata de contenedores con plantas, puede dejarse una ligera capa encima de la superficie después de haber roto la costra, si es que la había. Los riegos ya lo harán "bajar". Durante la temporada de actividad de la planta se puede considerar la utilización de abonos químicos de alguna de las siguientes maneras:
Si no se usa estiércol, mediante también una cava a poca profundidad puede integrarse un abono de liberación controlada al suelo al final del invierno. No tiene demasiado sentido utilizar un abono de liberación controlada más tarde, puesto que su efecto se extiende 6-8 meses y puede coincidir con el período en el que resulta inútil o incluso contraproducente para la planta. Aunque un abono químico de formulación similar a 15:15:15 resulta adecuado en la mayor parte de los casos, puede afinarse más empleando un abono con preponderancia de nitrógeno al principio de la temporada cambiando luego a uno en el que predomine el potasio enfocado a la floración y finalmente dar una aplicación de otro rico en fósforo antes del invierno, puesto que el fósforo se absorbe peor con el frío originando virajes del color de las hojas hacia el rojizo (plantas "tocadas por el frío"). Hay que pensar además en la posible conveniencia de añadir otros microelementos, como el hierro en forma de quelato de hierro, y de correctores, como por ejemplo sulfato de hierro o azufre aplicados al suelo para bajar el pH o ácido cítrico disuelto en el agua de riego, para neutralizar la cal del agua y también bajar un poco el pH de los substratos de los contenedores. En los casos en los que resulte imposible la adición de abono orgánico trabajando el suelo o el substrato se puede optar incluso por una de las dos soluciones siguientes:
Independientemente de la aportación de nutrientes útiles para la planta, estas dos opciones sirven para enriquecer el contenido del substrato o suelo con el último estado de la descomposición de la materia orgánica, el humus, que tiene un alto contenido de ácidos fúlvicos y púlvicos con una elevada capacidad de intercambio catiónico. Sin embargo, con estas opciones no se consiguen los otros objetivos de mejora de la aireación y retención de agua que quedarían cubiertos si la materia orgánica se aportara en forma sólida mezclada con el substrato o suelo. Cualquier mal resultado después de la aplicación de un abono orgánico se puede deber exclusivamente a tres causas:
Por lo demás, el abono orgánico de calidad es totalmente recomendable y sus desequilibrios y carencias (ningún abono orgánico lleva "de todo" en las proporciones adecuadas) generalmente pueden suplirse con abono químico. La carencia puede ser en el mismo momento de aplicación porque el abono orgánico no llevaba suficiente cantidad de algún elemento o al cabo de un tiempo porque algún elemento se ha "terminado" (absorbido por la planta o lixivado). En el artículo sobre "La química del substrato" explico los fundamentos en que se basa lo dicho hasta ahora, especialmente lo referido a la capacidad de intercambio catiónico.
EL CASO ESPECIAL DEL CÉSPED Respecto a recebar o no el césped cada año: El recebo lleva materia orgánica y arena. Ambos componentes "descienden" integrándose en el suelo y sirven (de una parte) para mejorar la estructura del suelo puesto que lo peor que le puede pasar a un césped es perder la porosidad en la zona de sus raíces (ver mi artículo sobre porosidad). Si un césped se pisa mucho puede que haya que hacerlo cada año, si no, lapsos de tiempo más largos pueden ser suficientes. El césped puede requerir también otros laboreos para su aireación. Respecto a la fertilización del césped (la otra parte), la materia orgánica que lleva el recebo mejora la capacidad de intercambio catiónico del suelo. Además, dicha materia orgánica lleva especialmente nitrógeno y otros elementos, necesarios para el crecimiento. Ahora bien, estos elementos desaparecen rápidamente por dos motivos: porque las plantas se los han "comido" y también por lixivación al regar o llover. Por lo tanto hay que aportar también en algún momento un suplemento de los elementos que hagan falta, en forma de un abono químico. El nitrógeno de este abono químico debe estar, preferentemente, en una forma en la que su liberación sea lenta. Un exceso de nitrógeno de golpe causa un crecimiento exagerado (hay que segar más) y se lixiva rápidamente pasando a las aguas subterráneas (perdemos dinero y contaminamos). Un nitrógeno de liberación lenta (digo lenta, no digo controlada) es la respuesta (además de los otros elementos). Una excepción pueden ser los céspedes "deportivos" (campos de fútbol, etc.) en los que pueden interesar otros métodos destinados a cubrir las necesidades puntuales.
LOS PRODUCTOS MODERNOS O PRODUCTOS DE ÚLTIMA GENERACIÓN Pueden ser todo lo buenos o todo lo malos que quieras. Antes de los años 60 todos los substratos para macetas se fabricaban a partir de cantidades de "suelo" (de tierra, vamos) a la que se mezclaban otros productos como estiércol, polvo de pezuñas u otras cosas, quizás algo de arena gruesa y, según qué substratos llevaban además una parte de "tierra de hojas", "tierra vegetal" o nombres parecidos. Estas mezclas "mágicas" (como las famosas -allí- de John Innes, porque -aquí- estábamos ocupados en otras cosas y no las conocíamos) funcionaban bien en ocasiones y mal en otras. Uno de los inconvenientes que les ponían los viveristas era su elevado peso. También tenían más problemas. Como el de la permanente lucha por el volumen de aire. Y muchos más. Los substratos John Innes, listos para usar, recibieron el nombre de compost porque su materia orgánica seguía compostándose una vez realizada la mezcla. Esto representó una degradación de la palabra "compost" y de hecho, especialmente los anglosajones, la siguen utilizando para referirse a "substrato", cuando debería reservarse para los productos obtenidos a partir de la compostación. A principios de los 60 se desarrollaron en EE.UU. las mezclas "sin suelo" (soil less) basadas en turba Sphagnum de Canadá y arena gruesa (0,5-2 mm). A estas mezclas se les incorporan algunos fertilizantes químicos que quedan retenidos gracias a la capacidad de intercambio catiónico de la turba. La aireación era excelente gracias principalmente a las características de la turba Sphagnum, que está compuesta por fibras largas. La retención de agua también era muy buena, por lo que no había que regar con tanta frecuencia. Como no hay turba Sphagnum en todas partes, a partir de la primera idea se fueron desarrollando otros substratos basados en otras turbas de fibras más cortas mezcladas componentes como perlita y vermiculita. Más adelante se vió que la abundante corteza de coníferas americanas, sobrante inútil de la potente industria maderera, podía ser un componente excelente si se utilizaba compostada y sin taninos. Luego se fue desarrollando el compostaje a nivel industrial. Se podía tener un buen componente de substrato a partir de casi cualquier materia orgánica convenientemente compostada. A menudo las plantas prosperan bien en compost puro, según las características de éste.
El reciclaje de los excedentes orgánicos industriales es una necesidad. Así, podemos hablar de compost de casi cualquier cosa como cáscaras de arroz, de trigo o del orujo de la uva o de las aceitunas, de marros de café, del sobrante del maíz, de algas, de paja de trigo, del desperdicio de la industria del corcho, restos de poda, de los desperdicios de la industria cervecera, etc. Lo de las basuras domésticas y lodos de depuradoras, es más conflictivo debido a las impurezas (cristales, hierros, plásticos y, sobre todo, metales pesados altamente contaminantes) de lo contrario también formarían un buen compost. Todos estos materiales, debidamente compostados, tratados y usados con inteligencia pueden constituir excelentes componentes de substratos. También resultan valiosos para su integración en los suelos. Incluso estoy seguro de que se podría hacer un excelente compost a partir de todos los restos de animales con los que antes alimentaban a las vacas hasta que éstas se volvieron locas (ahora no saben qué hacer con los restos de los mataderos - más investigadores y más presupuesto para I+D, por favor). En pocas palabras, el reciclaje es una necesidad imperiosa y tendremos que acostumbrarnos a ver y utilizar substratos que hace bien poco nos pudieran parecer extravagantes.
IMPORTANTE: La antigua línea de pensamiento centrada en exigir unos ingredientes concretos en el substrato está derivando modernamente a pensar en los parámetros y propiedades, pero sin importar de qué ingrediente se trata, con tal de que la mezcla final tenga las propiedades deseadas. Es decir, a las plantas les da lo mismo si un substrato lleva tal o cual componente, lo que les importa es si encuentran y como encuentran en el substrato todo lo que necesitan (aire, agua, nutrientes...).
Por lo tanto, los "productos modernos" o los "productos de última generación" deben de ser los que han sido fabricados con esta nueva mentalidad. Pero para emprender esta fabricación hace falta tener unos conocimientos avanzados al más alto nivel, además de estar equipados con laboratorios bien dotados que se sepan utilizar. Como falta la tradición, quien lo haga tiene que saber muy bien lo que hace... y hacerlo honradamente (sin dar gato por liebre). En España hay algunos técnicos en estas materias con el más avanzado conocimiento que se pueda pedir. Pero todavía falta acabar de acoplar los nuevos conocimientos con la inercia del mercado, además de ir creando lentamente un fondo de experiencia y tradición. También sería de desear que los legisladores despertaran y obligaran a los fabricantes a especificar el análisis y el nombre del fabricante en los embalajes de los productos que ponen en el mercado. ¿Qué actitud debemos tomar como jardineros aficionados? Yo diría que de cautela, porque todo esto es muy nuevo y puede haber grandes gazapos en un mercado sobre el que no hay ningún control institucional, a pesar de estar denominado como de economía social de mercado; que no se olvide nadie, especialmente los del PP, celosos defensores de la Constitución para lo que les conviene. Pero, por otra parte, tampoco hemos de estar cerrados al cambio. Como consejo práctico yo diría: Siempre probar a pequeña escala antes de usar algo en una escala mayor. Tanto si se trata de un producto nuevo como de uno antiguo sobre el que no tenemos experiencia. |
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Cómo medir el pH |
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| Varias consultas | |||||||||||||||
| Las dos mediciones más frecuentes son la medición del pH y de la conductividad.
La medición se efectúa siempre sobre el agua. Puede tratarse del agua antes de regar o bien del agua extraída del substrato. En este artículo se describen los útiles empleados para las mediciones así como el método de extracción más práctico para un jardinero aficionado. |
Mi opinión respecto a las mediciones consiste en que hay que tener en cuenta desde qué punto de vista se quieren hacer, en otras palabras, si se trata de un profesional o de un aficionado.
Un profesional suele tener a menudo planteamientos económicos "millonarios" por lo que cualquier inversión que haga, aunque sea algo costosa, le resultará provechosa económicamente. Un aficionado puede tener la inquietud muy loable de hacer las cosas bien pero no necesita invertir tanto dinero. Igualmente, suele necesitar soluciones de empleo más fácil. Voy a dar algunas recomendaciones para que los aficionados puedan hacer bien las cosas: Medición del pH: Hay tres métodos básicos: reactivos líquidos (probetas y demás), tiras de papel o plástico que cambian de color y finalmente instrumentos. Los instrumentos fiables comienzan a partir de unos 300 euros. Además de su precio, el inconveniente es que hay que cambiar la sonda de vez en cuando, al comprobar su defectuoso funcionamiento en las comprobaciones con una disolución calibrada, que también hay que comprar. O sea que la sonda "se gasta", dicho en lenguaje claro. Los reactivos tienen un uso algo engorroso para un aficionado. Su duración en el tiempo no es infinita y el precio es un factor a tener en cuenta. Para el aficionado, lo que tiene un manejo más práctico y un precio más ajustado son las tiras. Pero hay muchas clasas de tiras. Las que me funcionan bien y sin ninguna duda en la medición son unas que llevan tres franjas de color sobre un soporte delgado de plástico. La gama de pH de las que uso va desde 4,5 hasta 10. La precisión es de media unidad pH, que es suficiente para el propósito. También las hay de precisión 0,25 unidades pH, lo cual es innecesario. Una cajita con 100 tiras cuesta aproximadamente 20 euros. Se pueden localizar en empresas de suministros a laboratorios químicos (páginas amarillas). Para ver una foto visitar "El pH del substrato y la calidad del agua".
Medición de la conductividad Otro tema importante es la concentración de sales que se mide con un medidor de conductividad eléctrica. Esta medición está basada en el principio de que la concentración de sales es proporcional a la conductividad eléctrica. Por lo tanto, midiendo esta última tendremos una indicación precisa sobre la primera. El agua pura (destilada) es mala conductora de la electricidad (conductividad muy baja, cero en condiciones ideales). Existen muchos aparatos en el mercado. Para un jardinero aficionado basta el ilustrado en la página sobre "Concentración de sales en el substrato" ; cuesta unos 60 euros.
Método de extracción Pero ¿cómo se mide? ¿sobre qué se mide? Estamos hablando de métodos de extracción. Mi método preferido es el de "percolación" que consiste en recoger una muestra del agua que sale por el orificio de la maceta, según un procedimiento establecido que se describe más abajo. La ventaja es que no es un método destructivo (se puede hacer con la planta "puesta") y además no produce la liberación masiva de los gránulos de fertilizante que pueda haber en el substrato. |
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El método de percolación
Los valores obtenidos no son absolutos, como tampoco lo son los obtenidos con cualquier otro método. Son suficientemente aproximados como para poder tomarlos como válidos, ajustando nuestras acciones en función de ellos. Es importante realizar siempre estas operaciones de la misma manera, para que los valores obtenidos sean comparables. |
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Comentario final Cualquier dispositivo de medida debe ser contrastado de tiempo en tiempo. Existen a la venta disoluciones patrón para contrastar nuestro dispositivo de medición del pH o de la conductividad. Medir es muy conveniente porque "vemos" lo que pasa y vamos cogiendo experiencia. A veces, cuando dicha experiencia se ha desarrollado ya no medimos porque intuimos lo que estará pasando y aplicamos los remedios rutinariamente; con lo que ahorramos un montón de tiempo... pero también nos podemos equivocar. Bienvenido al mundo de los que medimos. |
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| Varias consultas | |||
| El autor recibe muchas consultas en el sentido de las siguientes:
- - - ¿Cómo mantener mis plantas acidófilas en perfectas condiciones? Me han dicho que debo regarlas con agua de lluvia, pero es difícil conseguirla. Me dicen que debo echar quelato de hierro. ¿Con el quelato se arregla todo? - - - El autor prefiere que cada uno saque sus propias conclusiones después de la lectura de la sección Temas. Pero, haciendo una excepción, da aquí unas recetas que espera que funcionen a los demás lo mismo que le han funcionado a él. |
No deberíamos renunciar al disfrute de unas cuantas plantas acidófilas a causa de su exigencia particular de un pH bajo en el suelo o substrato.
Las dos páginas que se inician en "El pH del substrato y la calidad del agua" explican los conceptos básicos con todo detalle y debería bastar su lectura para vislumbrar un abanico de soluciones. Las páginas "El pH para más de 300 plantas" contienen indicaciones sobre el entorno de pH ideal para muchas plantas. Las plantas más populares frecuentemente involucradas en un problema de pH son:
Cada una de ellas requerirá unos cuidados algo diferenciados pero todas prosperan mejor en un medio ácido. Casi siempre el problema se origina cuando, a pesar de habernos esforzado inicialmente para situar a nuestra planta en un medio de cultivo ácido, los riegos con agua del grifo malogran rápidamente nuestro esfuerzo puesto que su elevado contenido en carbonatos y bicarbonatos de calcio y magnesio (en adelante carbonatos) neutraliza la acidez dejando a la planta en inferioridad de condiciones para absorber los nutrientes. El primer problema visible es la clorosis férrica, pero también el vigor y la floración de la planta se ven comprometidos. Se trata pues de describir unas recetas fáciles, fiables, repetibles y no contaminantes para restablecer o mantener la acidez del suelo o substrato. Dos casos: - Plantas en el suelo. El autor recomienda fijar un día de la semana para estos cuidados, por ejemplo un sábado o un domingo (cuando se tiene más tiempo). Una receta para plantas en el suelo Al final del invierno: El día de la primera semana del mes:
Con esta operación restablecemos o mantenemos el carácter ácido del suelo, gracias al ión sulfúrico (SO4) del sulfato de hierro. La planta ya está en condiciones de absorber los nutrientes del suelo. El día de la segunda semana del mes: El día de la tercera semana del mes:
El día de la cuarta semana del mes:
Los riegos intermedios que hagan falta, también con agua del grifo. No hace falta preocuparse de los carbonatos del agua ya que la acidez aportada por el sulfato de hierro ya se ocupará de su neutralización. No hace falta preocuparse de plantar en un medio ácido. La tierra normal de jardín vale. El sulfato de hierro no se encuentra normalmente a la venta en comercios de jardinería. Hay que dirigirse a alguna droguería de las antiguas.
Una receta para plantas en contenedores El problema en los contenedores suele ser la excesiva concentración de sales, que se vería aumentada innecesariamente por las aportaciones de sulfato de hierro. Cuando la planta está en el suelo este problema suele ser mucho menor. El producto alternativo es el ácido cítrico. Éste se presenta en forma de un granulado de apariencia similar al azúcar (¡Rotular el envase para no confundirse!). Muchas droguerías tienen el ácido cítrico a la venta, pues se emplea para quitar las incrustaciones de cal de cafeteras, planchas y grifos.
Conviene proveerse de unas tiras para medir el pH como las ilustradas en las páginas recomendadas arriba (las que tienen tres franjas, con precisión de media unidad pH), puesto que no se puede dar una dosis exacta ya que ésta depende de cada agua. Se encuentran en casas de suministro a laboratorios químicos (páginas amarillas). Para obtener un agua excelente para regar las macetas de las plantas acidófilas, llenar un depósito grande con agua del grifo (su capacidad dependerá de las necesidades) y dejar reposar el agua 24 horas para que se evapore el poco cloro que pueda llevar y además para que alcance la temperatura ambiente. Al día siguiente añadir un poco de ácido cítrico, remover y medir el pH que deberá estar entre 4 y 5. (Si no se acierta a la primera, echa más agua o más ácido cítrico y volver a agitar y medir con otra tira). Cuando se ha hecho unas pocas veces probablemente ya se acierte a la primera, por lo que ya no hará falta medir. En el futuro conviene medir de vez en cuando para confirmar que no se vaya derivando hacia dosis erróneas.
La bajada del pH del agua no es proporcional a la cantidad de ácido cítrico que se echa. Si se van echando cantidades pequeñas cada vez, removiendo acto seguido, se verá que al principio el pH no baja para cada nueva pequeña cantidad. Ello se debe a que al principio lo que se echa se consume en neutralizar parte de los carbonatos. A partir del momento en que todos los carbonatos han sido neutralizados, cada nueva cantidad de ácido cítrico causará un descenso proporcional y rápido del pH. Como indicación aproximada, puede que haga falta una cucharadita de té rasa de ácido cítrico para 50 litros de agua. Pero, insisto, depende del tipo de agua. Cada vez que se riega, hacerlo con agua acidulada con este método. Si un día se tiene mucha prisa y la planta necesita un riego urgente, puede regarse con agua del grifo, pero para la próxima vez hay que volver al agua acidulada. Una vez al mes aportar quelato de hierro en una proporción igual a la mencionada para plantas en el suelo. El quelato de hierro viene en dos formas: gránulos para echar por encima del substrato y regar acto seguido y polvo para disolver en agua. |
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| España | |||
| Hola mi duda es muy sencilla. Teniendo en cuenta que la mejor agua para regar es la de lluvia, pero que no es fácil disponer de ella, qué tipo de agua es mejor. Yo riego con agua del grifo a la que dejo en reposo en botella destapada varios días. ¿Es valida el agua del aire acondicionado? | - Agua de lluvia: bien - Agua aire acondicionado: bien - Agua de tu grifo: no la conozco. Los posibles problemas alrededor del agua de un grifo pueden tener diferentes causas, a veces (1) Cloro Se trata del cloro procedente de la potabilización del agua. En grandes instalaciones se suele emplear cloro gas y en otras se emplea hipoclorito sódico (lejía). En ambos casos el cloro se evapora a las pocas horas en un recipiente abierto, especialmente con luz. Los contenidos en cloro del agua potabilizada pueden ser variables, normalmente se pone el mínimo imprescindible pero por alguna causa el agua puede venir con un exceso. Al regar con agua clorada, el cloro residual libre queda absorbido con mucha
rapidez por el suelo o substrato, por lo que tiene poca ocasión de dañar las
raíces o los microorganismos beneficiosos. El cloro en las pequeñas cantidades habituales no representa un gran problema para las plantas Si el agua se deja reposar unas horas se obtiene la ventaja adicional de que su temperatura se (2) Carbonatos y bicarbonatos de calcio y magnesio. Éstos son los minerales que convierten a un agua en "dura". El término dureza se ha acuñado en vistas a las incrustaciones en máquinas y tuberías. En relación a las plantas, la importancia de estos compuestos tiene que ver con el pH del suelo o substrato. Los carbonatos y bicarbonatos neutralizan el pH del substrato, llevándolo a un valor cercano a 7 Si nos hemos esforzado en poner un substrato con un pH correcto, al cabo de poco tiempo el La solución a este problema se puede enfocar desde muy diferentes ópticas, según las conveniencias en cada caso. Pero en general, todas las soluciones pasan por manipular el substrato o el agua con algún producto acidificante para que los carbonatos y bicarbonatos se neutralicen y el pH del suelo o substrato adquiera o conserve su carácter ácido. Cuando la solución es la adecuada, el agua puede resultar excelente para las plantas. La solución, en cada caso, no es demasiado costosa. Más información en: (3) Sal marina (cloruro sódico) Muchas poblaciones costeras tienen escasez de agua y, en muchos casos, el agua procede de La eliminación de la sal es costosa ya que los únicos medios son la destilación y la ósmosis inversa. (4) Otros minerales tóxicos para las plantas Es posible pero bastante improbable que el agua de un suministro público los contenga.
Respecto a un pozo particular, todo es posible y en este caso conviene disponer de un análisis
completo para saber qué agua se tiene. - - - La magia del agua de lluvia: El agua del grifo (también el agua mineral) suele contener carbonatos y bicarbonatos (en adelante carbonatos) que hacen subir el pH del suelo o substrato, llevándolo hasta un valor que no conviene tanto a las plantas. Claro que depende de los suelos, porque los hay que excepcionalmente se podrían ver beneficiados por la adición del calcio que llevan los carbonatos del agua. Pero las cosas nunca vienen así de bien. En cambio, el agua de lluvia no tiene estas sales por lo que no aumenta el pH. Por ello es especialmente beneficiosa para muchas plantas, especialmente las acidófilas. Pero la magia todavía no ha comenzado en su plenitud. A pesar de que el nitrógeno (N) es abundante en el aire, las plantas no lo pueden tomar de él. El N debe estar en el suelo, en forma de sales solubles. Pero sucede que dichas sales se agotan y apenas queda N en el suelo. Salvo en el caso de las leguminosas, en las que las raíces pueden procesar el N del aire en su beneficio (con la ayuda de unas bacterias nitrificantes), el resto de plantas se queda "con hambre de nitrógeno" (las plantas abonadas por el Hombre no, claro). Pero, por fortuna, la lluvia arrastra pequeñísimas cantidades de este elemento (incorporado durante las tormentas eléctricas) que es muy bien recibido por las plantas. De otra parte, casi siempre llueve bien. Va cayendo agua uniforme y lentamente, llegando a todas partes. Diferente de un riego en el que por las prisas echamos toda el agua de golpe. O sea que la lluvia "riega" mejor que nosotros casi siempre. El párrafo anterior incluye el efecto de lixiviación que produce una lluvia generosa. La lixiviación es perjudicial por una parte, ya que se lleva los elementos necesarios para las plantas hacia zonas inaccesibles. Pero también puede resultar altamente beneficiosa por otra parte, ya que igualmente se lleva el exceso de sales que pueden estar generando una concentración demasiado elevada de las mismas. Además, la lluvia también lleva pequeñas cantidades de ácido carbónico que ocasionalmente puede beneficiar a las plantas por disolver y llevarse parte del calcio que pudiera estar en exceso (el mismo que luego forma las fantásticas estalactitas en las grutas). Se exceptúan las lluvias ácidas reiteradas procedentes de contaminación industrial. En estos casos la lluvia puede tener un pH=3 ó 3,5 lo cual es excesivo si se repite con frecuencia. La magia de la lluvia, yo diría, consiste en el conjunto de las cosas mencionadas. Pero si partimos de agua de grifo y: (1) Neutralizamos sus carbonatos con un ácido (el más recomendable para un aficionado es el cítrico) (2) Regamos uniforme y lentamente (3) Las plantas las tenemos abonadas normalmente (también con N). Entonces no existe diferencia apreciable entre el agua de lluvia y nuestra "agua bendita". Bueno, sí que hay un factor notable de diferencia: que la lluvia genera una elevada humedad ambiente, la cual "despabila" a las plantas que abren sus estomas de par en par con el fin de tomar grandes bocanadas de anhídrido carbónico del aire, su principal alimento. |
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| España | |||
| Hola, quisiera saber en que consiste la clorosis, y que la origina.
Gracias |
España es el país en la U.E. que gasta, de largo, más quelatos de hierro. En muchas ocasiones se utiliza el quelato de hierro al ver clorosis en las hojas, sin averiguar por qué las hojas se tornan amarillas. A menudo el quelato de
hierro no surte efecto, otras veces se podría haber pasado con una cantidad muy inferior (con el ahorro consiguiente que, a escala agrícola, puede ser considerable).
Las causas de la clorosis (que no significa otra cosa que amarillamiento) pueden ser múltiples. La deficiente absorción del hierro (porque no hay hierro o porque habiéndolo la planta no lo puede absorber) puede ser una causa, pero hay muchas más. En la página Síntomas de deficiencias que encontrarás en la sección "Temas" verás enlaces a todos los elementos que necesita una planta. Si los vas siguiendo verás que los desequilibrios en muchos de ellos, no solo el hierro, pueden originar clorosis. Clorosis, simplificando, significa amarillamiento. Nada más. Indica que algo anda mal, pero hay que seguir investigando para saber qué. Esta palabra está formada por un prefijo y un sufijo: PREFIJO: cloro-, viene del griego "khloros" que significa "verde". SUFIJO: -osis, viene del latín que a su vez lo tomó del griego, con varios significados. El que aquí nos ocupa es el de "condición anómala". Es decir, literalmente: "Condición anómala del verde". La palabra actualmente tiene dos significados: - Agricultura: "Pérdida del verde natural de las plantas hacia tonos pálidos, amarillos o descoloridos". La expresión de la sensación óptica subjetiva es prácticamente siempre "esta planta se está volviendo amarilla" o expresiones parecidas porque al bajar el verde va predominando el amarillo (que puede ser más o menos pálido). No recibe el nombre de clorosis si el verde vira hacia rojo u otros tonos. Efectivamente, la clorosis indica una condición anómala de la clorofila (que es verde), debido a algún problema. No solo porque falte hierro, aunque ésto resulte frecuente; puede ser por causa de otro elemento. También ciertos virus pueden producir manchas cloróticas y los nemátodos pueden producir clorosis total, hasta casi blanco, en los nuevos brotes. - Medicina: Color pálido de algunas jóvenes. "Esta chica está clorótica". |
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| España | |||
| Qué enraizantes se pueden utilizar para el enraizamiento tanto de esquejes leñosos, semileñosos y herbáceos (el mismo producto para los tres). | No, el mismo producto no, exactamente. Aunque pudiera pasar para un aficionado, no para un industrial. Los enraizantes u hormonas de enraizamiento no son absolutamente indispensables para muchas especies puesto que muchas suelen enraizar de cualquier modo. PERO Siempre hay un "pero". La presencia de hormonas de enraizamiento acelera el proceso de tal forma que el porcentaje de fallos disminuye drásticamente. Las hormonas en polvo son adecuadas para esquejes verdes. Las que se presentan en forma líquida (o en sólidos que se disuelven) son más adecuadas para esquejes leñosos. A muchos esquejes leñosos les conviene dejarlos en remojo unas horas en la disolución para que el agente penetre. Más información en mi página "Hormonas de enraizamiento" en la sección "Temas". |
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Los contenedores: |
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| Una planta en un contenedor está en unas condiciones muy diferentes de las que tendría en suelo libre. | Un contenedor es
cualquier recipiente usado para cultivar una planta.
El material es irrelevante en la definición de contenedor pero puede tener influencia en el resultado del cultivo. A veces se discute sobre si es mejor el plástico o la cerámica porosa. En resumen: los contenedores de cerámica porosa exigen riegos más frecuentes por evaporar más agua a través de las paredes y los de plástico tienen la desventaja de calentarse más con la luz del sol. El tamaño no modifica la definición de contenedor pero también influye en el desarrollo. Más abajo comentaré cómo. Puede tratarse de un tamaño inmenso como un campo de fútbol y seguir siendo un contenedor. En la definición de contenedor es esencial decir que su superficie inferior está comunicada directamente con la atmósfera. Ejemplos de contenedores son los tiestos o macetas y las jardineras. Son recipientes con el fondo comunicado directamente con la atmósfera. No es un contenedor una jardinera sin fondo; es decir, que está comunicada con toda la tierra que hay debajo hasta llegar al centro del Planeta. Repitiéndolo con otras palabras: a una profundidad relevante respecto a la planta existe una interfaz substrato/aire. Esta interfaz es lo que origina una gran parte de la casuística especial de los contenedores.
Interfaz substrato/aire Imagina un objeto familiar como una esponja. La sumerges en agua y al sacarla y mantenerla sujeta con dos dedos ves que va goteando. En un momento dado ya no cae más agua pero su parte inferior está empapada mientras la superior está medianamente húmeda. Ahora deja esta esponja encima de una toalla doblada. Al cabo de un rato el agua que ya no caía habrá pasado a la toalla. En el primer caso la interfaz esponja/aire ha mantenido el agua. Está reproduciendo el comportamiento de un contenedor. En el segundo caso la interfaz esponja/toalla tiene continuidad de características similares y ha permitido que el agua se escapase hacia la toalla. Visto desde la esponja se está imitando el comportamiento de un suelo libre (habría que pensar ahora en la superficie inferior de la toalla). La característica principal de un contenedor es la de tener, a menudo, una zona anegada en el fondo. El agua se escapa hacia abajo (gotea) sólo mientras la fuerza ejercida por la gravedad sea superior a la tensión superficial del agua en el substrato. Cuando las dos fuerzas se igualan el agua deja de gotear. Si en este momento ponemos en contacto la cara inferior del substrato anegado con otro substrato, la tensión superficial en este último se suma a la fuerza ejercida por la gravedad y el agua vuelve a desplazarse hacia abajo y la zona anegada del primer substrato ha dejado de estarlo.
Tabla de agua En el ejemplo anterior, cuando tenemos una esponja mojada suspendida por dos dedos o también si tenemos un contenedor lleno de substrato mojado, si abajo está empapado y arriba está casi seco debe existir algún punto intermedio de cambio de una situación a otra. Es decir, debe haber un plano por debajo del cual tengamos situación de empapado y por encima tengamos la situación de permitir el paso del aire. Este plano se llama tabla de agua y su altura o nivel es el nivel de la tabla de agua En un contenedor la tabla de agua puede estar, por ejemplo, a 1/3 de su altura. O a la mitad. O en la misma superficie del substrato si acabamos de inundarlo. O no existir si está seco. Pero generalmente el nivel del plano de agua está casi siempre al alcance de las raíces o inundándolas aunque sea momentáneamente. En un suelo libre la tabla de agua se puede encontrar a mucha profundidad ¿Manolo, a qué profundidad encontraste agua cuando hiciste el pozo? A 30 metros. Pues aquel día el nivel de la tabla de agua era de -30m. Por tanto las raíces de las plantas de este campo están siempre en unas condiciones muy diferentes que las de las plantas en macetas. En este campo las raíces pueden estar rodeadas de tierra húmeda o seca pero nunca están sumergidas en agua. En un contenedor, por tanto, resulta fundamental vigilar el nivel de la tabla de agua y mantenerlo lo más alejado posible de las raíces. Siempre que hablamos de raíces anegadas nos olvidamos de especificar el factor tiempo. No es lo mismo que estén anegadas unos minutos que durante días. Un tiempo corto de anegamiento es a menudo inevitable (hay que regar). Una planta sana en el exterior en un contenedor no demasiado grande "bebe" rápidamente el agua y las condiciones de anegamiento duran generalmente unas pocas horas. Puesto que la planta bebe más de día que de noche, lo lógico es regar por la mañana para que cese el anegamiento lo antes posible. Si regamos por la noche el anegamiento dura hasta la mitad de la mañana siguiente. Si ese comportamiento se repite todos los días la planta acaba por resentirse. De lo anterior se deduce claramente que la altura del contenedor es fundamental para definir la cantidad de raíces que quedarán dentro de la zona con aire la mayor parte del tiempo. Por lo tanto el contenedor disponible debe aprovecharse en toda su altura y romper de una maldita vez con la irracional costumbre de poner una buena capa de guijarros en su fondo que lo que hace es disminuir la altura del contenedor llevado el nivel de la tabla de agua más hacia arriba. También es importante aprovechar la altura no dejando en la parte superior una zona libre demasiado alta.
Además, en la capa de guijarros suceden más cosas. Al principio sucede lo que he dicho. La zona empapada queda encima de la capa de guijarros y la zona de substrato aireado resulta menos profunda. Más adelante, puesto que regamos mal echando el agua de golpe , los espacios que hay entre los guijarros quedan rellenos de substrato con lo que a partir de este momento la altura del contenedor ya vuelve a ser la original y los guijarros ya no hacen nada. En realidad sí que hacen algo: ocupar un volumen vital que si fuera ocupado por substrato tendrímos la ventaja de poder disponer de sus reservas. ¡Y dale con la capa de gravilla! Basta un trozo de maceta rota sobre el orificio de una maceta de cerámica. En las macetas de plástico con varios orificios y usando substrato basado en turba, no hace falta nada. El trozo de maceta es para que el agujero no se obture.
Planta pequeñita en contenedor gigantesco Este caso es frecuente. Colocamos una planta pequeña en un gran contenedor esperando que las condiciones serán más parecidas a las del suelo libre y así la planta crecerá mejor. Para nuestra sorpresa aquella planta queda raquítica y en cambio otras "hermanas" en macetas más pequeñas crecieron fabulosamente. Parece que la planta pequeña "se ha perdido" en el tiesto grande
Suceden varias cosas: (1) La plantita gasta tiempo en establecer un gran sistema radicular tendiendo a ocupar el máximo espacio. Ya habrá tiempo de crecer hacia arriba. Eso lo hace para asegurar su futuro. Las plantas arbustivas y árboles llevan millones de años haciendo lo mismo en la Naturaleza y ya se han acostumbrado. Sus raíces intentan alcanzar lo antes posible la línea de goteo ¿Qué es la línea de goteo o línea de escorrentía? Imagina un árbol adulto, con sus hojas. Cae un chaparrón corto. Debajo del árbol no te mojas. Tampoco te hubieras mojado demasiado al aire libre. Pero precisamente allí donde se acaba la copa va a parar el agua de muchas de las hojas. Es el punto donde va a parar más agua y las raíces "saben" que no se la tienen que perder.
(2) Riegas quizás con un pequeño exceso pero como es verano y la planta bebe rápido, pronto el substrato vuelve a permitir la entrada de aire algo vital para la respiración de las raíces. En una maceta pequeña la planta se acaba el agua rápidamente pero ¿cuántos días han de pasar para acabarse el agua de una maceta gigantesca? La conclusión es que la plantita con zapatos grandes acaba ahogándose. Por todo lo anterior no conviene usar contenedores de tamaño excesivo.
Planta con zapatos normales o chicos Este caso, aunque parezca que tiene que resultar de otra manera, suele dar muchos menos problemas que el caso anterior de planta pequeña perdida en maceta grande. Cuando se coloca una planta en un contenedor con substrato nuevo las raíces crecen alejándose del cuello de la planta. Podemos considerar dos sentidos de crecimiento: hacia abajo y hacia los lados. Hacia abajo Se dice que las raíces obedecen a un "geotropismo positivo". Es decir, que crecen dirigiéndose hacia abajo, en sentido hacia el centro de la Tierra. Esa afirmación puede implicar una comprensión falsa porque parece que se quiera decir que crecen "atraídas" por el centro de la Tierra. Lo que en realidad buscan las raíces es el agua. Como que más abajo hay más agua crecen hacia abajo para ir en su busca. También llevan haciendo eso con éxito hace miles de años. Dos ejemplos que contradicen la teoría mal entendida del geotropismo: Un árbol plantado en una zona que recibe riegos cortos y frecuentes por aspersión (porque está rodeado por un césped, por ejemplo). Este árbol desarrolla su sistema radicular horizontalmente en su mayor parte. Lo demuestra el día que hay una lluvia lo suficientemente abundante para reblandecer el terreno y acompañada de viento fuerte. El árbol cae. Una azalea plantada por mí a unos 7 metros de un gigantesco Ficus repens. Preparé el terreno a 50 cm. de profundidad. La azalea empezó bien pero a partir del tercer año empezó a languidecer. Finalmente murió. Cuando la arranqué ví una enorme cabellera que abrazaba sus raíces para robarle el agua con la que yo la regaba. Esta cabellera, como una escoba invertida, creció hacia arriba proveniente de una raíz gruesa que estaba por debajo de los 50 cm. que yo había cavado. Hacia los lados Siguiendo la costumbre de ir a buscar la línea de goteo muchas raíces crecen hacia las paredes del contenedor. Hay muchas personas que dicen que crecen centrífugamente (lo cual no deja de ser cierto, se fugan del centro) pero no saben explicar el motivo. Las raíces ya han llegado a las paredes ¿qué hacen? Adquieren allí un singular desarrollo. Es decir, al cabo de un tiempo hay más raíces contra las paredes que en el interior del substrato. Habreis observado que cuando un substrato lleva algún tiempo en un contenedor ha ido bajando de nivel pero la bajada no es uniforme. Baja más en el centro que en la periferia. Ello se debe al empaquetamiento del substrato (el empaquetamiento es una de las causas de la compactación). El empaquetamiento se produce porque las partículas se van recolocando de manera que las pequeñas ocupan los espacios que hay entre las grandes. Pero cerca de las paredes el empaquetamiento es menor por lo que el volumen de aire es mayor. De lo cual "disfrutan" las raíces que se encuentran allí.
Raíces apiñadas Cuando una planta lleva largo tiempo en el mismo contenedor sucede que se ven las raíces apiñadas en la periferia del cepellón. A veces tan fuertemente que resulta difícil desenredarlas. Pero si se corta el cepellón en dos mitades se ve que en el centro hay bien pocas raíces. A pesar de que el centro puede que tenga nutrientes y agua por explotar. Agua: mucha agua, demasiada, tanta que puede pudrir algunas raíces de esta zona. Hay pocas raíces a beber por tanto el agua queda largo tiempo en esta zona central mientras las de la periferia incluso pueden pasar sed. El agua viaja muy despacio en dirección horizontal. Raíces acostumbradas al tiesto En el caso anterior de raíces apiñadas, si se transplanta al suelo o a otro contenedor mayor, a la planta le cuesta generar nuevas raíces a partir de esa periferia apiñada. Pero basta rascar dicha periferia con un tenedor viejo y a partir de las heridas y raíces rotas se generarán nuevas raíces con mayor facilidad. No hace falta hacer grandes destrozos, basta arañar un poco toda la periferia. Eso es tan importante que hay muchos casos de plantas que no progresan por no haber realizado esta operación. A menudo incluso puede convenir reducir el cepellón por dos motivos: (a) Eliminar esas raíces exteriores para que se puedan generar nuevas raíces a partir del punto en que fueron cortadas. (b) Aportar substrato nuevo que reemplaza al viejo ya "exhausto". Exhausto aquí puede implicar varios casos, los más importantes son: - Pobre en nutrientes
Raíces autopodadas con el aire El estado natural de casi todas las raíces es rodeadas de humedad. Tanto es así que resulta importantísimo no dejar secar las raíces durante un transplante a raíz desnuda. En España no se emplea esta técnica que yo sepa pero en otros países se espolvorean la raíces desnudas previamente mojadas de las plantas a la venta con uno de esos geles absorbentes de agua (poliacrilato potásico). El gel queda adherido y va manteniendo la humedad en las raíces durante el tiempo de transporte y venta. En un contenedor pequeño, cuando una raíz llega al fondo y asoma por un orificio, si no encuentra humedad deja de crecer. Termina allí. Es como si hubiera sido podada. Por el hecho de no ser necesaria más hormona de crecimiento en ese punto, la hormona se dirige a otros extremos para potenciar su crecimiento. El hecho de asomar por el orificio ha estimulado la generación de más raíces. Este comportamiento se aprovecha en ocasiones para obtener plantones con un mejor sistema radicular.
¿Zapatos chicos para siempre? Con tal de ir suministrando agua y nutrientes según las necesidades exactas de la planta parece que no haría falta cambiar a contenedor mayor. De hecho eso es así hasta ciertos límites. La Gardenia es una de las plantas que se suelen cultivar con el biberón conectado permanentemente. Se ven plantas de Gardenia en el comercio con una parte aérea relativamente grande pero con un contenedor muy pequeño. Hasta el punto al que han llegado y tal como las han cuidado, la prueba de que es posible hacerlo la tenemos delante. Pero no mucho más. Llega el momento en que, por bien que se alimente y se le dé de beber, una planta necesita más espacio para sus raíces. Pero lo curioso es que unas plantas más que otras acusan la falta de espacio. Regla general de cambios de maceta para el cultivo en contenedor Empezar plantando en un contenedor lo más pequeño posible. Si se trata de un esqueje o una semilla, lo ideal resulta un recipiente de unos 2-2,5 cm de diámetro o de lado y unos 5-7 cm de profundidad. Esas son las medidas de muchas yogurteras (las bandejas de plástico con alvéolos). El inconveniente para un aficionado (y para muchos profesionales) consiste en que esos minúsculos cepellones pasan rápidamente del estado anegado al estado seco. Es difícil atender sus necesidades a menos que se esté pendiente de ellos. Para el cultivo en yogurteras se emplea substrato con alta retención de agua pero se riega con cuidado. Suele ser substrato basado en turba negra, un poco de turba rubia y generalmente se le añade algo de arcilla. El tamaño de partida ideal de partida para muchos aficionados es un contenedor de unos 10 cm. de diámetro por 10 de profundidad aprox. Puesto que el volumen del contenedor es suficientemente grande como para no estar tan pendiente de su reserva de agua lo mejor es emplear un substrato más aireado que el que se ha descrito antes. Es decir, este contenedor se "conduce" más fácilmente que los tacos en alvéolos descritos más arriba. El momento para cambiar a contenedor mayor no es cuando asoman raíces por debajo. Ver raíces abajo puede ser una pista que nos haga mirar lo siguiente. El criterio para saberlo es sacando el cepellón del contenedor y viendo su superficie. Si está ocupada ópticamente en su 50-60% por raíces visibles ha llegado el momento. Para el cambio se eligirá un nuevo contenedor que sea lo más pequeño posible pero que permita insertar el substrato por el hueco entre la pared y el cepellón antiguo. Eso suele representar una holgura entre 1,5 y 2 cm si el substrato a introducir es medianamente fino. Tales holguras representan un diámetro entre 3 y 4 cm superior. No más. Cómo se cambia El cepellón viejo ha de estar regado de unas horas antes. Si el contenedor original es razonablemente manejable, se coloca una mano sobre su superficie superior, dejando que pase el tallo de la planta entre los dedos. Se vuelca el contenedor de modo que el cepellón caiga sobre la mano. Puede hacer falta un golpecito del borde del contenedor sobre algún canto. Si el contenedor es muy grande entonces no queda más remedio que colocarlo horizontalmente sobre el suelo y en varios movimientos conseguir que el cepellón salga del contenedor. Nunca hay que tirar del tallo de la planta porque eso implicaría alguna rotura indeseada. En el contenedor nuevo se colocará substrato en el fondo dejando libre una altura equivalente al cepellón viejo. Se coloca el cepellón sobre el substrato del fondo y se rellena la holgura con substrato. No hay que apretar con los dedos pero podemos ayudarnos con un palito para que no queden bolsas de aire. Se riega normalmente si la planta tiene follaje. Se regará poco o nada si la planta está desprovista de hojas. En plantas de crecimiento rápido no serían de extrañar dos o tres cambios a maceta mayor en la temporada. Planta vieja Se trata del caso de una planta que ya teníamos de antes y sabemos que hay que hacer algún cambio de substrato. Cambio al principio de la temporada. Lo siguiente hay que hacerlo con conocimiento pues de lo contrario peligra la planta. Para empezar diré que no todas las plantas admiten esas manipulaciones. La planta ha de tener poco o ningún follaje. Cuanto menos follaje tenga más agresiva puede ser la actuación sobre el cepellón. Por tanto hay que ver si procede una poda más o menos fuerte incluso posiblemente acompañada de defoliación. Según la poda y defoliación, recortar el cepellón reduciéndolo más o menos de tamaño o sacudir el substrato totalmente cortando las raíces que nos estorben. Plantar enseguida con subs | ||