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Clivia miniata |
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De espectacular
floración en primavera, esta planta de hojas alargadas y planas siempre verdes recibe con
frecuencia un trato inadecuado por lo que yo la clasificaría entre las
plantas incomprendidas. Los cuidados que necesita son pocos y
muy sencillos. Los tres consejos básicos son: tierra fértil y ligera, mucha luz pero nada de sol directo, regar abundantemente en primavera y verano pero suspender los riegos en invierno. La tierra debe drenar muy bien, puesto que la planta no soporta los suelos pesados. Agradece la aportación de abonos químicos desde el principio de la primavera hasta pasada la floración. Añadir un poco de quelato de hierro para que las hojas tengan un verde más oscuro. Se da muy bien en macetas o en jardineras. En el caso de maceta, conviene que ésta tenga un tamaño adecuado ( 30 cm de diámetro). No hay que preocuparse si no florece al año siguiente de haberla plantado puesto que florece mejor cuando las raíces se encuentran comprimidas. Por lo tanto, no cambiarla de maceta hasta que ésta se encuentre excesivamente llena con los nuevos retoños (pasados por lo menos cinco o seis años de haberla plantado). También de esta forma se consigue que en una sola maceta lleguen a aparecer varias (3 ó 4) flores a la vez. La propagación se efectúa por separación de los retoños inmediatamente después de la floración en primavera. La multiplicación por semilla no es tan recomendable para el aficionado, ya que pueden aparecer variedades con floración pobre y además tardan varios años en florecer. Debe protegerse de las heladas; de hecho la planta ya se afea si la temperatura desciende de unos 5 grados C y puede morir si sufre alguna helada. Puede ser atacada por cochinillas algodonosas. También pueden aparecer manchas rojizas por ataque de Roya.
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